BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

domingo, 23 de junio de 2013

Teatro y amnesia en el Caso Cabitos



Mi mala costumbre de ser puntual (ya que - a juzgar por el tiempo que pierdo habitualmente esperando - la puntualidad es sin duda un defecto en Ayacucho) ha hecho que llegue a la sede del Poder Judicial antes que nadie. Pero, para mi sorpresa, hay otras personas que también llegan a la hora en la que está fijada la audiencia: dos de los mandos militares acusados y su abogado.

Ayer, durante las más de cinco horas que duró la primera sesión de esta nueva audiencia, acabé trabando conversación con ellos, hasta el punto de que - confieso - empezaron a caerme incluso simpáticos. Durante todo este tiempo, me había imaginado a los responsables de las desapariciones y ejecuciones en el cuartel como gente sin escrúpulos, inhumana y despreciable. Pero, de repente, ahí me encontraba hablando con personas de apariencia totalmente normal y a quienes costaba imaginar dando órdenes de detener, torturar y ejecutar a otras personas. Me retorcía en un debate interno. Me insistía a mímismo que aquellos tipos seguramente habían cometido crímenes atroces o los habían ordenado y permitido. Entonces: ¿cómo era posible que simpatizara con ellos?

Momentos más tarde, caminando por los pasillos del poder judicial, la conversación con el abogado ya me anticipaba que estaba a punto de meterme en la boca del lobo. Me dice que tiene apellido español: Franco. A lo que yo le replico: “Sí, y además de apellido español, también lo es de dictador”. “¿Cómo dictador? ¡Él los salvó! ¿O acaso querrías seguir viviendo bajo los bolcheviques? Ellos fueron los que causaron todo.” Yo le replico, aunque me doy cuenta de que en lo sucesivo me conviene mantenerme callado y ver que me cuentan.

Tras el día de ayer, percibo que se ha tejido entre nosotros un cierto ambiente de confianza y que los mandos empiezan a hablar conmigo sin tapujos, tal vez con la intención oculta de ponerme de su parte. Uno de los comandantes (el que fuera el jefe de inteligencia en los ochenta), de repente me pregunta: “¿Te diste cuenta del teatro?”. Al contestarle que no entiendo a lo que se refiere, me lo aclara: “El teatro de los testigos. ¿No ves que todos los familiares repiten la misma versión que les ha enseñado la defensa? Cuando la defensa les dice que digan algo en particular, ellos lo repiten y cuando les dice: "lloren", ellos lloran. Es todo una farsa.”

Luego, el abogado vuelve a la carga diciéndome que las organizaciones de derechos humanos sólo defienden a senderistas y que uno de los testigos de ayer era un conocido ideólogo senderista. Por otro lado, el otro mando (el que fuera jefe del cuartel) sigue asegurándome que ellos son quienes acabaron con la subversión en este país, que ellos son los salvadores de la patria y se queja: “Y así nos lo pagan. Sentándonos en el banco de los acusados. Además: ¿tú crees que yo me puedo acordar de lo que pasó hace 30 años?”.

Llegado este momento, ya se ha operado en mí un cambio diametral en mi opinión sobre ellos. Ahora veo con claridad a quien tengo en frente. Estas personas no sólo no van a reconocer nunca haber cometido ningún crimen (ni siquiera “excesos”, como se suele hablar eufemísticamente en Perú del terrorismo de estado), sino que jamás se compadecerán ni sentirán pena alguna por estas personas que llevan 30 años llorando y buscando a sus familiares desaparecidos. Es más, hasta son capaces de burlarse de su sufrimiento, alegando ahora sufrir de “amnesia”. Ahora sí me doy cuenta del teatro. Lo suyo sí que es una farsa.

No hay comentarios: