BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

lunes, 22 de octubre de 2012

Ayacucho, fuente de recarga


Hay lugares a los que uno se sorprende regresando una y otra vez y donde – de manera casi inconsciente – sabe que yacen respuestas en su vida. Ayacucho es sin duda alguna uno de esos lugares para mí. Se ha convertido en una fuente de recarga, donde recupero mi energía y todo cobra sentido. Ésta es ya la cuarta vez que me encuentro en este rincón de los Andes y, por momentos, no sabría decir con total certeza que es lo que me vuelve a traer hasta aqui. El magnetismo que ejerce este lugar sobre mí es tan fuerte que sobran las preguntas y motivos para regresar. Trabajar en la casa hogar, eso sin duda. La vida en Ayacucho seguramente no tendría sentido para mi sin ella y sin los niños.

A primera vista, todo parece estar tal como lo dejé. Pero en seguida me lanzo a la calle para comprobarlo. El sol vuelve a ser abrasador. No me dirijo a ningún lugar en particular. Tan solo me dejo llevar por mis pies, que de memoria me hacen seguir recorridos familiares. Ansío cruzarme con caras amigas, respirar la vida de Ayacucho y asegurarme de que no soy un fantasma del pasado que trata de abrirse paso a una vida anterior, ya inexistente.

Rápidamente, el presente y el pasado empiezan a fundirse indisolublemente. Me invade una ola de sensaciones, imágenes, olores y ruidos familiares. En 28 de Julio sonrío al cruzarme con los primeros rostros conocidos: la chica de los teléfonos que viene de Uchuraccay, el músico ciego que toca con su hijito al lado, el anciano que reza por “devolverle el alma” a los niños bajo el Arco y finalmente la simpática señora de la cafetería de Asamblea donde anoto estas primeras impresiones que reabren este cuaderno.

Visitamos la nueva casa hogar. Ver el resultado de tantos años de trabajo y espera no puede ser más gratificante. Aún falta mucho. La casa está a medio hacer. Pero es espaciosa, luminosa y ofrece condiciones mucho mejores para los niños que la antigua casa, por mucho que ésta siempre guardará un encanto especial en mi memoria. Antes de entrar, me asalta de nuevo la duda de si algunos de los niños me reconocerán. Muchos de ellos me reciben gritando mi nombre. Incluso E. (que es ciego y tiene parálisis cerebral), nada más escuchar mi voz pronuncia mi nombre, como si la hubiera escuchado ayer mismo. La mayoría de los niños se encuentra de vacaciones en la selva con Gil. Pasamos la mañana en el cuarto de los niños discapacitados. Y un rato después siento como si nunca me hubiese marchado de allí. Y que estoy donde debo estar.

Más tarde, me reencuentro con Carlos Falconí. De nuevo esa sensación de haberlo visto ayer mismo. Quedamos para tomar café y sin preámbulos retomamos la dinámica e ideas de proyectos que caracterizaron nuestras conversaciones hace cerca de dos años. Luego, en su casa nos agasaja con una de sus deliciosas tortillas de acelgas de su huerto y un sabroso qapchi. Nos despedimos con nuevos proyectos en la cabeza.

Luego al pasar por el jirón A. me cruzo con C. En seguida me reconoce y, fiel a su carácter, en medio de la calle me pone al tanto de la situación actual del Movadef. Es evidente que vive por y para el movimiento. Según dice, el gobierno acaba de presentar un proyecto de ley para criminalizar al movimiento. Me enseña un comunicado de prensa que van a publicar oponiéndose a ese proyecto de ley y se despide diciéndome que tenemos que seguir hablando. Esta vez he venido con la intención de no dejarme arrastrar de nuevo por la temática del conflicto armado. Pero ¿cómo lograrlo, cuando los ataques de Sendero al ejército siguen llenando las portadas de los periódicos, cuando no se deja de hablar del Movadef o del posible indulto a Fujimori y cuando por la noche el conflicto vuelve a invadir mis sueños?

Aún faltan por producirse muchos encuentros, pero nada más desembarcar en la ciudad ya he podido comprobar que no soy ningún fantasma del pasado y que la vida aqui sigue como la dejé.  Y sobre todo saboreo  una certeza: la de tener de nuevo mis pies bien firmes aquí.

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