BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

jueves, 10 de junio de 2010

¿Hasta cuándo pagarán los niños por nuestros errores?

Atravieso Ayacucho hasta uno de sus confines para conocer el puericultorio J. A. Vivanco Amorín. Z, que pasó allí su infancia y que sigue colaborando en la educación de los nuevos chicos que acoge el orfanato, me hace de guía. En la puerta nos recibe la simpática Madre Julia, la madre superiora que ya dirigió el puericultorio durante los años del conflicto y que acaba de regresar. Las personas con las que he hablado acerca de este lugar coinciden en que ahora vuelve a estar abierto al exterior tras años de tener sus puertas cerradas y que la Madre está realizando grandes mejoras. No imaginaba que el centro sería tan grande. Está compuesto de innumerables pabellones, tiene su propia escuela de primaria, una capilla, una cocina y comedor gigantescos y un amplio terreno donde están sembrando cultivos para poder alimentar a los cuyes que proyectan empezar a criar.

Ya no acoge a trescientos niños como hiciera años atrás. Tampoco son ya huérfanos del conflicto armado, si bien siguen siendo víctimas indirectas de aquellos trágicos años: muchos llegan al puericultorio provenientes de familias rotas, de abandonos tras violaciones, huyendo de abusos de padres alcohólicos o llegan allí al quedarse solos después de que sus padres hayan ingresado en la cárcel. Lamentablemente, estas son historias demasiado comunes en la infancia de Ayacucho, forman parte del tejido de la vida cotidiana de la ciudad, de su “normalidad”.

La Madre me ha estado hablando de los años del conflicto, de las necesidades que tenían, de la dificultad de proveerse de los alimentos más básicos y de alimentar a tantas bocas, ya que las tiendas permanecían cerradas durante el estado de emergencia declarado por el gobierno y los paros armados convocados por Sendero. Te jugabas la vida por el simple hecho de salir a la calle.

Por suerte, aquellos años han quedado atrás, aunque el puericultorio sigue teniendo grandes necesidades: uno de los pabellones precisa una reparación urgente de fontanería, necesitan fondos para acometer el proyecto de crianza de cuyes, más personal, ordenadores para que los niños puedan estudiar…La Madre Julia se despide de la cámara haciendo un llamamiento a los “hermanos voluntarios”, invitándolos a conocer el puericultorio y a echar una mano. ¡Y si saben de fontanería mucho mejor!

1 comentario:

Tomás Mielke dijo...

Bueno, querido Luis

supongo que esa pregunta no tiene respuesta a no ser que quieras oír la verdad y esa duele a todos aquellos como tú intentan poner remedio a esta lacra de injusticia

no te desanimes

un abrazo