BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

sábado, 29 de mayo de 2010

Z. (Testimonios del sufrimiento I)

Z. me recibe en su casa de Puca Cruz con un refrescante pisco sour. Saboreo su jarabe de goma. Es dulce. Seguramente el mejor que haya probado nunca.


La vida de Z. está marcada por la tragedia. Y ella está dispuesta a compartir su testimonio. El testimonio de un sufrimiento que forma parte de la vida de muchos ayacuchanos. Sus padres murieron durante el conflicto armado y a temprana edad ingresó en el puericultorio J.A. Vivanco Amorín junto con sus tres hermanos.

Allí se darían cuenta de que no eran los únicos en haber padecido ese sufrimiento. Que la mayoría de los 300 niños acogidos allí habían perdido a sus padres en similares circunstancias. Poco importaba que hubiesen muerto a manos de Sendero o a manos del ejército. ¿Acaso el sufrimiento era distinto? ¿Es que el dolor entiende de causas?

En este centro creado expresamente para acoger a los huérfanos del conflicto pasarían su infancia, bajo la protección de unas monjas venidas de lejos. Aunque siempre presintiendo que planeaba sobre ellos una terrible sombra: el miedo a que llegaran un día los senderistas o los militares y los mataran como habían hecho con sus padres.

Por suerte nada de ello ocurrió y a la salida del puericultorio, Z. consiguió dejar atrás toda la tragedia y mudarse a España. Fueron años de trabajo duro. De incertidumbres. De trato en ocasiones denigrante por el hecho de ser una inmigrante en Madrid. Con todo, Z. era feliz. Se sentía tranquila. Y segura. Había conseguido reunir en España a sus hermanos y a su marido. Empezaba una nueva vida.

Pero un día la tragedia consigue alcanzarla de nuevo. Desde un país del que no había oído hablar hasta su llegada a España y que ahora nunca conseguirá olvidar: Afganistán. Una mina acaba con la vida de su marido destinado allí con el ejército español. Una vez más la violencia golpea su vida. Una vez más el absurdo del conflicto armado trunca su felicidad. Vuelve el dolor más desgarrador…

El trago de pisco sour ya no tiene nada de dulce. Ahora sólo siento toda su amargura.

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