BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

domingo, 17 de septiembre de 2006

Día de visita

Un domingo más, o menos, según se vea. Hoy, como de costumbre, es día de visitas. Es un día del que disfruto especialmente al ver a los niños tan felices con sus familias - a aquellos a quienes visitan obviamente, ya que otros no reciben nunca visitas y probablemente nunca lo harán: N. y J. como locos con sus madres, L. ajetreándose en su silla nerviosa con su padre y hermanas, el sonriente Y. con su padre que lo mece en el columpio...Ha sido también un día especial para otros niños que no recibían visita desde hacía tiempo - uno de ellos no veía (o más bien no quería ver) a su madre desde hacía dos años(!). Por su parte, M., que ha estado en lista de adopción durante los últimos años (al igual que muchos de sus compañeros) parece ser que va a volver a ser acogida por sus padres y podrá regresar a una vida más normalizada. Aunque tampoco hay que fiarse demasiado, muchos padres prometen hacerlo a menudo y años después los niños siguen preguntando cuando van a venir para llevarselos de nuevo a casa. También es día de que la psicóloga trabaje con familias y niños conjuntamente.

Pero no todo es alegría en domingo: mientras se balanceaba en el columpio y al ver la llegada de varios padres, A. me ha espetado sin rastro aparente de amargura: "mi madre nunca va a venir" y acto seguido me ha preguntado: ¿sabes por qué? Sin darme tiempo a decir nada, él mismo ha respondido a su pregunta: "porque está en la cárcel". Esto último lo decía sin dejar de columpiarse y sonriendo. Casi no podía creer que me hablase de un tema que debe ser tan doloroso de forma tan desprendida, como si el asunto no fuese con él. En momentos así, uno vuelve a adquirir conciencia del trauma que sufren muchos de estos niños. La escena ha tenido continuación en la sala de estudios donde he ido a practicar escritura con él y otros niños. Aún no había empezado a dictarle cuando él mismo ha empezado a escribir palabras aparentemente inconexas y de forma automática, dejando aflorar su subconsciente sobre la pizarra en una evidente asociación de ideas: "mamá" "los chanchos" (los cerdos), una y otra vez...De nuevo, y no sólo para mi sorpresa sino también para la de los demás niños que se encontraban en la sala y seguían con curiosidad la escena, A. no dejaba de sonreir.

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