BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Crónica de un día cualquiera en la casa hogar

















Me despierto a las seis. Aún cuando hoy no entro a trabajar hasta la tarde, el ruido de los demás voluntarios me saca del precario sueño en mi camastro situado en una esquina del salón. Aguanto estoicamente una ducha congelada en el cuartucho del patio (cuyo agujero hace las veces de desagüe de ducha y wc), escucho el silbido de la vendedora de chapla, le compro tres soles y devoro un par de bollitos aún calientes con aceite de oliva y orégano y té de canela y clavo, ayudo a que los más pequeños se levanten, desayunen y se preparen para ir al colegio, bajo a pie al centro siguiendo un camino distinto, atravesando un puente hecho de troncos y bordeando las casas de adobe de la parte baja del barrio artesanal de Santa Ana. Llegado al centro me siento en uno de los bancos de la plaza y frente al libertador Sucre, veo el mundo pasar bajo el ardiente sol de los Andes, charlo con uno de los vendedores de gelatina que acostumbra a sentarse conmigo y a bombardearme a preguntas, me confundo (o eso creo) entre la multitud en Asamblea, compro fruta y verdura en el mercado de abastos, recojo al incombustible Jhonatán en el colegio y en la plaza del mercado artesanal cogemos la ruta 14 (aunque el pequeño siempre se empeña en querer coger la 8 - los que lo conozcais sabréis a qué me refiero y recordareis su peculiar forma de pronuncia ese número!). De regreso en la casa, y tras cargar en brazos con Jhonatán durante todo el camino, ya que hoy no hay forma de que ande, almorzamos en el patio junto con los demás niños que acaban de regresar del colegio: hoy toca arroz con verduras. Permanezco en el patio con Lupe y Dieguito (los más grandes tienen terapia de grupo con la psicóloga). Le leo un cuento a Alonso, que tan sólo presta atención a los dibujos e ignora el resto, someto a Favio y a Emerson a un dictado y preparamos su examen de mañana, resuelvo problemas de matemáticas casi olvidados con Sonia, juego en los columpios con los más pequeños, persigo a Noemi entre las sábanas colgadas mientras ella no deja de gritar."¡no me chapas, no me chapas!" Jhonatán me lleva a darles de comer a los conejos y a asustar a las gallinas, gritándoles y escupiéndoles. Mishel me hace participar en un juego de países con reglas a todas luces inventadas por ella y que va cambiando sobre la marcha, acompaño a los niños mientras cenan mazamorra entre constantes peleas, jugamos al fútbol en el patio de la entrada de la casa. Como ya oscurece, nos vamos al cuarto de los más grandes y jugamos al "burro" (increíble el exito que tiene este juego con ellos, no sé si por la emoción del juego en sí o por la "tortura" que le sigue), tras tratar durante largo rato que se acuesten, persiguiendo a uno y a otro por toda la casa, regreso sobre las 10 a la casa de voluntarios, charlamos, cenamos, leo algo y ¡uff! al camastro tras un largo día.

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