BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

viernes, 22 de septiembre de 2006

Willy, Sendero y trabajo en Yanama



Bajo una ligera llovizna y acompañado del intenso y evocador olor a tierra mojada, he vuelto a remontar los senderos de Yanama hasta llegar a la casa de Willy. Allí me han recibido los chicos en un ambiente tan cálido como lo recordaba y con un "mondongo" (sopa de tripa de vaca) preparado por uno de ellos. El hecho de que Willy se encuentre aquí en esta ocasión propicia que haya más lugar para produndizar en el contenido y filosofía de su proyecto.

He podido saciar también nuevamente mi curiosidad acerca de Sendero Luminoso, ya que Willy (que ya vivía por aquí durante aquellos sangrientos años) me ha estado ilustrando más sobre el tema. Una vez más, he oído hablar de las masacres en pueblos y aldeas, donde fusilaban a todo aquel que no se prestase a ayudarles o a apoyarles, de como se presentaban allí repartiendo panfletos de Mao Tse Tung (el hecho de que tomasen como punto de partida una ideología e incluso simbología totalmente extranjera hizo en buena medida que gran parte del pueblo no comulgase con el movimiento senderista - supongo que la violencia y los atentados indiscriminados se encargarían del resto), obligando a la gente a vivir en casas comunales, me volvió a describir el dantesco cuadro de pilas de cadáveres amontonados en fosas comunes o esparcidos por las calles a merced de los perros... A los muertos causados por las incursiones de Sendero, se les unían los causados por las represalias del ejército. Al parecer la única persona que dio un paso al frente y se atrevió a empezar a retirar los cadáveres en tal clima de terror fue la Madre Covadonga, una misionera española de la que he oído mucho hablar y que lleva afincada muchos años aquí. De ahí que muchos ayacuchanos la tengan por una heroína.

Ya he oído también en varias ocasiones que, a pesar de que Abimael Guzmán y restantes cabecillas del movimiento se encuentren en prisión, condenados a cadena perpetua, y que se haya difundido la noticia de que el movimiento está totalmente desmantelado, aún quedan células activas en la selva donde son inextirpables - si bien se rumorea que están más vinculadas al narcotráfico que al terrorismo.

De esta forma, he visto confirmada mi sospecha inicial de que Ayacucho no es el lugar tan tranquilo y apacible que aparenta desde fuera. Según él, existe un profundo sentimiento de alienación e insatisfacción subyacente en la conciencia de la población y en el momento menos pensado, si se enciende la chispa apropiada, la situación puede volver a estallar. A modo de ejemplo, me contó como no hace mucho, con motivo de una manifestación en contra de la privatización de la educación (que al parecer ni siquiera iba a ocurrir) los manifestantes acabaron prendiéndole fuego al ayuntamiento.

Tras esta larga conversación, estuvimos trabajando en el campo, derribando un montículo de piedra por donde pasará un canal de agua que surtirá a los treinta y tantos aspersores que pretendemos instalar esta semana. Estos días hemos pasado largas horas picando piedra y cargando pesadas carretillas y creo haber quemado el poco peso que había recuperado tras el viaje. Mis manos también empiezan a revelar la aparición de ampollas que hacen escribir estas líneas difícil. Los aspersores no son las únicas novedades por aquí. El proyecto no deja de crecer, tanto en número de chicos (han venido a vivir aquí dos hermanos - en un futuro Willy espera poder albergar hasta unos cuarenta chicos) como en animales: los cuyes y conejos no han parado de reproducirse y también merodean por aquí dos potros que han salvado en el último momento de ser sacrificados en el camal para convertirse en embutido.

A pesar de que han sido días de trabajo duro, me siento pleno y feliz después del trabajo físico y de encontrarme de nuevo perdido en la inmensidad de los Andes. No deja de producirme verdadero asombro y sobre todo admiración lo que tan solo un adulto (además aquejado de una minusvalía en la cadera) y un puñado de chicos están consiguiendo.

En ocasiones, desde fuera, desde nuestra mirada occidental, vemos la solución a los problemas en el tercer mundo muy fácil. Hay que estar aquí para ver que cuando apenas hay infraestructuras ni ayudas oficiales, una gran desestabilización social e incultura generalizada todo está por hacer y uno no sabe por donde empezar...

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