BIENVENIDA AL NAVEGANTE

Este cuaderno contiene varias experiencias vividas en Ayacucho en momentos distintos pero que se funden en una sola: el trabajo como voluntario en las casas hogares Los Gorriones y Casa de Willy y la producción de una serie de documentales sobre el conflicto armado peruano: "Las Huellas del Sendero", "El Expreso Cabanino", "Te Saludan Los Cabitos" y otros. Este espacio pretende dar a conocer y fomentar el apoyo a las iniciativas que trabajan con la infancia y la defensa de los derechos humanos en Ayacucho. Se abre el cuaderno...

viernes, 8 de septiembre de 2006

Regreso a Ayacucho


Vuelvo a abrir este blog dormido que ya me acompañará hasta el fin de mis días aquí, puesto que durante el mes y pico que me separan del regreso, no planeo moverme de la casa hogar. Me he plantado de nuevo de madrugada en la ciudad, tras unas 44 horas prácticamente sin parar desde Quito y haber vivido unas experiencias inolvidables a lo largo del periplo por Ecuador, Colombia y Venezuela.

He recibido una cálida acogida por parte de Gil y Chantal, las señoritas y los niños, aunque como es de esperar en estos últimos a los pocos minutos de haberme visto ya se comportaban como si nunca me hubiese ido. Resulta casi paradójico siendo como es el más pequeño pero Bebechu que ya comienza a hablar parecía el más soprendido con mi regreso. También me ha sorprendido como Luis, que es sin duda alguna uno de los niños más traviesos, si no el que más, se ha pasado la mayor parte del día colgado de mí y buscándome sin cesar. Ah... es un verdadero placer volver a estar en la casa hogar, y para el final del día, tras haber cargado leña, regado el patio, lavado ropa, trabajado en la cocina con la simpática señora Rosa y ayudado con los deberes, he sentido como si nunca me hubiese marchado. Las cosas por la casa siguen prácticamente como las dejé cuando me marché. El único cambio evidente es la ausencia de E., que no ha sido adoptada finalmente sino enviada al puericultorio. Me he dado ya una vuelta por la ciudad y he vuelto a ser uno más (o eso me gusta pensar, dado que siendo uno de los pocos gringuitos en la ciudad resulta difícil pasar desapercibido) entre los ríos de gente que inundan su plaza de Armas y sus avenidas peatonales. Tras pasar una temporada fuera uno casi olvida lo autóctono que es Ayacucho y la gente que lo puebla. He vuelto a ser testigo de una manifestación de campesinas huamanguinas enarbolando pancartas y ataviadas con sus sombreros y colchas tradicionales.

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